Amar · Responsabilidad personal · Short stories

¿Se atrevió a decírselo por escrito?

Dedo

wedding ring

No estaba nada seguro que fuera ella. Se acercó un poco. Los cabellos cortos le despistaron aunque si ella hubiera pasado por tal episodio de la vida sería natural haberlo recortado, o dejarlo crecer. El color tampoco le sonaba, aunque en los tiempos de antes fuera teñida y ahora iba más natural. Buscaba excusa para hablarle, por si fuera el caso. Le diría ¿qué? ¿Que le había confundido por otra, alguien que llegó a conocer, ya hace tiempo? Se apartó del puesto de pescadería y se adentró en el supermercado. No necesitaba mucho género, prioridad un tinto para acompañar la cena de tostadas con ajo y tomate y aceite y lomo adobado, palillos, la longaniza válida compra para los cazadores en casa, pasta que pasta.

Ya en la caja, con cierta prisa, aún la veía en el banco de espera delante de salmones y lubinas, gambas y mejillones, absorbida en la pantalla entre las manos, los dedos marcando momentos eternos. Él metió la compra en la bolsa de plástico proporcionada por la cajera y se despidió, volviendo hacia la salida entre puestos de comida preparada, carnes y delicatessen. Ella se había levantado, la despachaban ya. Él se acercó sigilosamente, casi de lado cual cangrejo, fingiendo no tener un interés especial, aunque dispuesto a revelarse, con ganas.

Ella levantó la vista del deshielo visperal y dedo señalante y se reconocieron, sonrisa abierta, la ciudad prohibida. Hablaron de aquello que los había presentado, hace tiempo ya, a través de sus ojos verdes. A él le daba absolutamente igual lo que hablasen, y aunque no eran más que palabras, disfrutaba de cada sílaba, ansiaba cada gesto, la almilla verde de pelo corto reluciente, las botas de marrón, las gafas negras de pasta, el pupilo resguardado.

Servida y pagada la bandeja de sepia y porexpan, ella siguió contándole una época complicada. De repente cortó ella, era la hora de irse a casa para no dejarse llevar. Se despidieron sin beso, cree recordar él, y cree que lo recordaría. No se atrevió a mirar el dedo anular. Volvió ella al banco a recoger el resto de la compra. Él se larga por las puertas automáticas del mercado. No mira hacia atrás para no dejar de mirarla nunca.

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Amar · Relaciones personales · Responsabilidad personal · Short stories

Azulejos

Azulejos

La sobreabundancia de colores, dibujos y tamaños en las tiendas de azulejos casi me desborda. Hace días que se me acabó la suscripción y a pesar de las ofertas de descuento, aún no me he animado a sacar la cartera. Me ha ido bien conocer a gente interesante y hacer amigas – hace años que no he tenido, si es que las tuviera alguna vez – y tengo la sensación de estar saliendo ileso del patrón de interactuar con las mujeres principalmente por interés amoroso, debido a mi timidez o algo parecido, o por indoctrinación, yo qué sé. ¡Qué triste, haber vivido así! La web va bien para que veas cuánta gente hay con su propio atractivo sin que te hagan el tilín tilín, y puedes quererles mucho, aunque no llegues a amarles. Sigo creyendo que allá fuera habrá una figura especial, aquella mezcla de auras y la complicidad anhelada, y no porque me entretiene el pensamiento por si solo. Me da buen rollo y me apetece.