Relaciones personales · Short stories

Capicúa

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Hace calor dentro del coche parado en la cola para entrar en la caseta donde te miran las emisiones. Bajo del coche, me quito las gafas y las dejo en el techo para quitarme el jersey. Delante mío va un tipo gordo con pinta de noreuropeo con una furgoneta negra mal repintada y sin matrícula. Para ir a la oficina, por detrás me pasa muy justito un tío mayor al volante de un buga bastante nuevo quejándose de la posición de mi coche y le digo que es la cola y el tío me pone nervioso. Tengo ganas de darle un cachete al gilipollas, debe ir siempre por la vida creando mal rollo. Avanzamos y me toca a mi, meto el coche en la caseta y el inspector me pregunta el kilometraje. Lo miro pero no lo veo bien y le digo que no lo leo porque no sé donde están mis gafas pero me parece que pone ciento setenta y nueve mil novecientos setenta y -me fuerzo la vista- uno. Me dice que salga del coche para apretar el acelerador él. Las gafas ya no están en el techo, miro hacia donde los coches que esperan su turno y no las veo en el suelo, le digo que habrán acabado debajo de las ruedas del siguiente. La prueba acaba, el operario va a la pantalla táctil y la pica con el índice como si dibujara una cruz. Me dice que saque el coche de la estación de mediciones y que me ponga en una cola de inspección. Busco la que parece la más corta igual que en el súper, paro el motor y salgo para volver, a ver si las encuentro. Viene hacia mi el inspector con media sonrisa y mis gafas, enteras.
– Tampoco importaba tanto – le digo – son de los chinos.
– Da igual – se despide contento, entrando de nuevo en la caseta.
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Amar · Relaciones personales · Responsabilidad personal · Short stories

Azulejos

Azulejos

La sobreabundancia de colores, dibujos y tamaños en las tiendas de azulejos casi me desborda. Hace días que se me acabó la suscripción y a pesar de las ofertas de descuento, aún no me he animado a sacar la cartera. Me ha ido bien conocer a gente interesante y hacer amigas – hace años que no he tenido, si es que las tuviera alguna vez – y tengo la sensación de estar saliendo ileso del patrón de interactuar con las mujeres principalmente por interés amoroso, debido a mi timidez o algo parecido, o por indoctrinación, yo qué sé. ¡Qué triste, haber vivido así! La web va bien para que veas cuánta gente hay con su propio atractivo sin que te hagan el tilín tilín, y puedes quererles mucho, aunque no llegues a amarles. Sigo creyendo que allá fuera habrá una figura especial, aquella mezcla de auras y la complicidad anhelada, y no porque me entretiene el pensamiento por si solo. Me da buen rollo y me apetece.