Relaciones personales · Short stories

Capicúa

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Hace calor dentro del coche parado en la cola para entrar en la caseta donde te miran las emisiones. Bajo del coche, me quito las gafas y las dejo en el techo para quitarme el jersey. Delante mío va un tipo gordo con pinta de noreuropeo con una furgoneta negra mal repintada y sin matrícula. Para ir a la oficina, por detrás me pasa muy justito un tío mayor al volante de un buga bastante nuevo quejándose de la posición de mi coche y le digo que es la cola y el tío me pone nervioso. Tengo ganas de darle un cachete al gilipollas, debe ir siempre por la vida creando mal rollo. Avanzamos y me toca a mi, meto el coche en la caseta y el inspector me pregunta el kilometraje. Lo miro pero no lo veo bien y le digo que no lo leo porque no sé donde están mis gafas pero me parece que pone ciento setenta y nueve mil novecientos setenta y -me fuerzo la vista- uno. Me dice que salga del coche para apretar el acelerador él. Las gafas ya no están en el techo, miro hacia donde los coches que esperan su turno y no las veo en el suelo, le digo que habrán acabado debajo de las ruedas del siguiente. La prueba acaba, el operario va a la pantalla táctil y la pica con el índice como si dibujara una cruz. Me dice que saque el coche de la estación de mediciones y que me ponga en una cola de inspección. Busco la que parece la más corta igual que en el súper, paro el motor y salgo para volver, a ver si las encuentro. Viene hacia mi el inspector con media sonrisa y mis gafas, enteras.
– Tampoco importaba tanto – le digo – son de los chinos.
– Da igual – se despide contento, entrando de nuevo en la caseta.
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Amar · Individuation · Relaciones personales · Short stories

Film Club

Anna Karina

He saw her outside the cinema as he came round the corner. He’d seen her before a few times, usually alone. She looked the same, and in his direction. He came to an abrupt halt before the posters feigning concentration, then pretended to look for an ashtray or maybe he could just chuck the butt on the tarmac as usual. She was standing next to a litter bin, cigarrette pointing towards the heavens. He walked over.
– You think there’d be an ashtray – he said, as a pledge.
– We’re a species in danger of extinction – she shrugged wryly.
Two plumes of smoke mingled and mixed and retreated, signalling the end.
– We’re self-extinguishing – he grinned, stubbing his cigarrette on the inside of the bin and turning through the glass doors.